
En un ambiente de profunda solemnidad y acción de gracias, la Iglesia panameña conmemoró el centenario del nacimiento del padre Fernando Guardia Jaén, S.J., con una Eucaristía celebrada en la Catedral San Juan Bautista de Penonomé, presidida por el arzobispo metropolitano de Panamá, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., y concelebrada por el cardenal José Luis Lacunza Maestrojuán, O.A.R., obispo emérito de David; Mons. Rafael Valdivieso Miranda, obispo de Chitré; Mons. Edgardo Cedeño Muñoz, obispo de Penonomé, junto a numerosos sacerdotes diocesanos y jesuitas, religiosos y fieles provenientes de distintas partes del país.
La celebración reunió a familiares, antiguos alumnos, representantes de instituciones educativas, movimientos apostólicos y comunidades que, a lo largo de los años, fueron testigos de la fecunda labor pastoral, educativa y social del sacerdote jesuita, considerado una de las figuras más influyentes en la historia reciente de la Iglesia en Panamá.
Durante su homilía, monseñor José Domingo Ulloa destacó que el Padre Fernando fue «un hombre enviado», cuya vida estuvo completamente entregada al servicio de Jesucristo, de la Iglesia y del pueblo panameño. Inspirado en el Evangelio del día, recordó que el padre Guardia supo anunciar la Buena Nueva con valentía, formar generaciones de sacerdotes y laicos, renovar la pastoral de la Iglesia, defender la dignidad humana y acompañar a los más pobres con esperanza y cercanía.
El arzobispo Ulloa afirmó que la celebración no pretendía únicamente recordar una fecha histórica, sino dar gracias a Dios por el don de un pastor que dejó una huella imborrable en la Iglesia y en la sociedad panameña. «La memoria cristiana nunca es nostalgia; es acción de gracias. Es descubrir cómo Dios sigue escribiendo la historia de la salvación por medio de hombres y mujeres que se dejan conducir por su gracia», expresó.
Al evocar su legado, destacó que Fernando Guardia comprendió que el sacerdocio era una vocación de servicio y no de honores, una convicción que marcó toda su existencia y que se tradujo en su trabajo como Vicario de Pastoral, rector del Seminario Mayor San José, impulsor de la renovación eclesial inspirada por el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, director de Radio Hogar, fundador del Servicio Social Javeriano y creador del Instituto Panameño de Educación por Radio y del programa El Maestro en Casa, convencido de que la educación era una forma privilegiada de evangelizar.

Monseñor Ulloa también hizo memoria del compromiso del Padre Guardia con la justicia y el bien común durante momentos decisivos de la historia nacional, cuando alzó su voz con libertad evangélica para defender la dignidad humana y exhortar a los responsables de la vida pública a construir un país sustentado en la honestidad, la justicia y el servicio a los más pobres.
Dirigiéndose a la comunidad eclesial, el arzobispo Ulloa señaló que el mejor homenaje al Padre Fernando no consiste únicamente en recordar su vida, sino en continuar su legado formando sacerdotes profundamente enamorados de Jesucristo, laicos comprometidos con la misión de la Iglesia, educadores que formen conciencias y ciudadanos capaces de colocar el bien común por encima de los intereses personales. Concluyó recordando las palabras que el propio Padre Guardia hizo suyas: «Sé de quién me he fiado», expresión que, afirmó, resume toda una existencia vivida en fidelidad al Señor.
Al finalizar la celebración eucarística se realizó la inauguración de la Casa Museo Padre Fernando Guardia Jaén, ubicada en la residencia familiar donde transcurrieron los primeros años de su vida. El espacio conserva fotografías, mobiliario, objetos personales y documentos que permiten recorrer la historia de una familia profundamente arraigada en la fe y en el servicio al país, de la que surgieron destacadas personalidades en los ámbitos eclesial, jurídico, educativo y social.
Más que una casa, este museo constituye un lugar de memoria que permite descubrir el ambiente familiar que moldeó la vocación, los valores y el compromiso de Fernando Guardia. Sus paredes, fotografías y objetos cotidianos narran la historia de un hogar sencillo donde se cultivaron el amor a Dios, el servicio al prójimo y el profundo sentido de responsabilidad con Panamá. Un espacio que se podrá visitar, hasta el domingo 12 de julio, en el que encontrarán gran parte del legado espiritual, humano e intelectual de uno de los grandes sacerdotes de la Iglesia en Panamá.
Panamá, 10 de julio de 2026
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