Desde la Capilla del Seminario Mayor San José, los obispos de Panamá celebraron la Eucaristía de clausura de la 225.ª Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP), con un llamado a la unidad, la esperanza y el compromiso evangelizador. Celebración que fue presidida por el arzobispo y presidente de la CEP, José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A, este jueves 2 de julio.

Monseñor José Ulloa Mendieta, durante su homilía destacó que esta Asamblea fue vivida como un tiempo de oración, discernimiento, escucha y fraternidad episcopal. «Antes que una reunión de trabajo ha sido un tiempo de escucha del Espíritu Santo. Hemos querido hacer nuestro el llamado del Santo Padre Papa León XIV a escuchar, discernir e interpretar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio. Solo una Iglesia que escucha a Dios puede escuchar verdaderamente el clamor de su pueblo», expresó.

El prelado panameño recordó que la Conferencia Episcopal no es simplemente un organismo de coordinación, sino una expresión de la colegialidad nacida del sacramento del Orden. «Cada uno sirve a una Iglesia particular, pero ninguno camina solo. Unidos entre nosotros y en comunión con el Sucesor de Pedro hacemos visible la unidad de la Iglesia de Cristo», afirmó Ulloa.

Inspirándose en el testimonio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, destacó que, aun siendo de diferentes en carácter, historia y misión, fueron llamados por el mismo Señor a vivir la unidad. En ese contexto, evocó la expresión de San Agustín que ha inspirado mi ministerio episcopal: In Illo uno unum, «En Aquel que es Uno, seamos uno». Subrayó «también nosotros somos diversos, pero formamos un solo Colegio Episcopal, porque uno solo es el Señor que nos ha llamado. Solo permaneciendo unidos a Cristo podremos permanecer verdaderamente unidos entre nosotros y servir con alegría al Pueblo de Dios».

Monseñor Ulloa manifestó que el mundo, los pueblos heridos por la guerra, los migrantes, quienes viven en la pobreza y la exclusión y, de manera particular, Panamá necesitan recuperar la esperanza. «Nuestro país necesita reencontrarse consigo mismo, fortalecer la confianza, promover el diálogo sincero, respetar el Estado de derecho, defender la dignidad de toda persona, proteger a la familia, ofrecer oportunidades a los jóvenes, humanizar nuestro sistema penitenciario y seguir construyendo una auténtica cultura del encuentro», señaló.

Recordó que la misión de los pastores de la Iglesia no consiste en ofrecer soluciones técnicas, sino en proclamar la verdad del Evangelio, desde la cual toda sociedad será tanto más humana cuanto más coloque a la persona y al bien común en el centro de sus decisiones.

Dirigiendose a los obispos, los exhortó a regresar a sus diócesis con un renovado espíritu pastoral. «Que nuestros sacerdotes encuentren en nosotros verdaderos padres y hermanos. Que nuestros seminaristas descubran testigos creíbles del Evangelio. Que los pobres nunca llamen en vano a nuestras puertas. Que nuestros jóvenes encuentren en la Iglesia un hogar donde descubrir su vocación, y que el Santo Padre León XIV encuentre en la Iglesia que peregrina en Panamá una Iglesia unida, fiel, sinodal y profundamente misionera».

El presidente de la Conferencia Episcopal Panameña subrayó el significado de concluir la Asamblea en el Seminario Mayor San José, al que definió como «el corazón de la Iglesia en Panamá donde se forman los futuros sacerdotes del país. No es solamente una casa de estudios; es un verdadero cenáculo donde el Señor continúa llamando y formando a quienes un día serán enviados a apacentar su pueblo. Qué providencial resulta concluir aquí nuestra Asamblea, porque toda Iglesia que mira al futuro debe cuidar con amor el don de las vocaciones».

En este contexto, dirigió un mensaje de cercanía y gratitud a los seminaristas por su Sí al Señor con generosidad. «Gracias por haber respondido con generosidad a la llamada del Señor. Aquí sigue resonando la misma voz que un día llamó a Pedro junto al lago y a Pablo en el camino de Damasco. No tengan miedo de dejarse formar por Cristo. La Iglesia necesita sacerdotes santos, hombres de profunda oración, enamorados de la Eucaristía, de la Palabra de Dios y del Pueblo santo que un día se les confiará; sacerdotes que vivan en comunión con sus obispos y con el Santo Padre y que sean testigos creíbles de la esperanza».

Al celebrar esta Eucaristía desde el Seminario Mayor San José, corazón de la formación sacerdotal de nuestra Iglesia. Monseñor también hizo un llamado a las familias, parroquias y comunidades cristianas a fortalecer una auténtica cultura vocacional. «Las vocaciones nacen allí donde se vive la fe con alegría, donde se reza en familia y donde los jóvenes encuentran sacerdotes felices de haber entregado su vida al Señor. Pidamos al Dueño de la mies que nunca falten vocaciones sacerdotales y religiosas para nuestra Iglesia en Panamá».

Encomendó los frutos de la 225, ª Asamblea Ordinaria Plenaria de la Conferencia Episcopal Panameña a la intercesión de Santa María la Antigua, Madre y Patrona de Panamá, y de San José, patrono y custodio del Seminario Mayor, para que sostengan a nuestros sacerdotes, acompañen a nuestros seminaristas y alcancen para nuestra Iglesia abundantes y santas vocaciones sacerdotales y religiosas.

Panamá, 2 de julio de 2026.