
El arzobispo metropolitano de Panamá y presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, participó en la reunión que congregó en Tampa a presidentes y representantes de las Conferencias Episcopales de las Américas, con el propósito de fortalecer la comunión episcopal y proyectar respuestas conjuntas ante los desafíos que atraviesa el continente, en Tampa, Florida, del 14 al 17 de febrero de 2026.
Para Monseñor Ulloa, el encuentro constituyó una expresión concreta de sinodalidad y colegialidad episcopal. Señaló que se trató de un espacio de escucha mutua, oración y discernimiento compartido frente a las realidades que hoy interpelan a las Iglesias en América. Destacó que la comunión episcopal no es un gesto protocolar, sino un compromiso real con los pueblos del continente, convencido de que solo trabajando unidos será posible responder con mayor claridad y oportunidad a los dolores y desafíos de las naciones.
El arzobispo Ulloa subrayó como uno de los principales frutos la reafirmación de que América es diversa, pero comparte un solo corazón y una misma misión evangelizadora. En ese sentido, resaltó la importancia de intercambiar experiencias pastorales y visibilizar las buenas prácticas que se desarrollan en distintos países, especialmente el trabajo de albergues, redes de acompañamiento y programas sostenidos por diócesis, congregaciones religiosas y laicos en favor de los más vulnerables.
En la reunión participaron miembros de la presidencia de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá y el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, dando continuidad a un camino de diálogo y cooperación que se consolida desde 1959.
Entre los temas abordados estuvieron la migración, la creciente polarización social y eclesial, la violencia, la inseguridad, la pobreza y el proceso de implementación de la sinodalidad en las Iglesias locales. Ulloa afirmó que estos desafíos no pueden enfrentarse de manera aislada, ya que las realidades de los pueblos están profundamente interconectadas y las heridas sociales que afectan a un país repercuten en todo el continente.
La situación migratoria ocupó un lugar prioritario. Los obispos reiteraron que ningún migrante es extranjero para la Iglesia y reflexionaron sobre la necesidad de fortalecer la coordinación pastoral entre las Iglesias de origen, tránsito y destino. También manifestaron preocupación por las políticas restrictivas, la xenofobia y las tensiones sociales que impactan a las comunidades receptoras.
Asimismo, se expresó inquietud ante la polarización que divide tanto a las sociedades como a las comunidades eclesiales. En este contexto, los participantes coincidieron en que la misión de la Iglesia es construir puentes de diálogo, reconciliación y unidad, evitando que la confrontación debilite la fraternidad.
Durante los días de trabajo se dedicaron amplios espacios a la oración y al discernimiento colectivo, analizando problemáticas estructurales como la corrupción política, el debilitamiento institucional, la expansión de economías ilícitas y la necesidad de una renovada cercanía con los pueblos indígenas y los sectores más vulnerables.
Al concluir el encuentro, los obispos manifestaron su voluntad de fortalecer la cooperación pastoral en todo el continente y preparar un mensaje dirigido al Pueblo de Dios, que recoja las esperanzas y angustias de las comunidades en América e impulse a parroquias, familias y agentes pastorales a ser signos concretos de esperanza en medio de las dificultades.
Panamá, 27 de febrero de 2026
